Cobra lo que vales, no lo que te da miedo
Pusiste un precio bajo para que no te rechacen. Y por eso te rechazan.
Cuando empiezas, el miedo dicta el precio. Piensas: si cobro poco, no podran decir que no. Y es verdad. El problema es quien dice que si.
Un precio bajo manda una senal que no controlas: esto no debe valer mucho. Atraes al cliente que regatea, que exige de mas y que se va al primer competidor un peso mas barato. El cliente que valora calidad desconfia de lo que cuesta la mitad de lo normal.
Subir el precio no es avaricia. Es filtrar. Cada incremento espanta al cliente problematico y acerca al que entiende lo que haces. Trabajas menos, cobras mas, y curiosamente te respetan mas.
El techo de tu precio casi nunca es el mercado. Es tu propia creencia de cuanto vales. Esa creencia se cambia con un dato: la primera vez que alguien paga tu precio alto sin pestanear, el miedo se evapora.
No regales tu trabajo para sentirte seguro. La seguridad llega del otro lado: de cobrar bien y entregar mejor.
La idea en una línea Un precio demasiado bajo no atrae clientes: ahuyenta a los buenos y atrae a los que mas trabajo te daran.
Qué hacer distinto mañana
Sube tu precio 20% en tu proxima propuesta. Si nadie se queja, estaba demasiado barato desde el principio.